Me he quedado pasmado. El Ayuntamiento de Almería ha desestimado abonar a Juan Megino, Gerente de Urbanismo, el complemento de antigüedad y el pago de los trienios que este percibía del Servicio Andaluz de Salud (SAS) hasta que fue declarado en situación de jubilación forzosa el pasado 28 de octubre de 2009. ¡¡Y vá el, con su sueldo (dietas a parte) de unos 60.000,00 €.- al año y lo pide!!.
¡Pobre hombre!, ¡como va a pagar el vino y las gambas!, esto va a a ser la debacle de los restaurantes y los clubes (¿por qué no digo pubs?)...
Muy bien, don Juan, ¡eso es solidaridad y conciencia social!, ¡eso esperamos de nuestros políticos!... A ver como explico esto, pedazo de cabrón (perdón, quise decir pedazo de ladrón): aún los que votamos en blanco, pese a nuestra profunda desazón política porque miremos a la izquierda o a la derecha encontramos la misma mierda, tenemos la secreta esperanza de estar gestionados por un corro de inútiles, ladrones y vagos... ¡Pero no de caraduras, joder, que eso no se hace en público...!
En fin... vivir para ver.
Aquí estoy de nuevo.
Frente a esta absurda ventana.
Ventana ciega por donde
mis pensamientos escapan
teñidos de triste negrura.
Aquí sigo, con el alma
en el bolsillo,
con la ira en el corazón,
perdido entre tinieblas,
con este ciego dolor...
Aquí sueño, con un gato rayado.
Con mi alma liberada,
con un camino sin camino,
con una ventana abierta,
con un incierto final...
Aquí muero, entre mis pensamientos,
entre tristes pesadillas,
hundido en mi desesperanza,
en un mar gris, infinito
ahogado en su hondura abisal...
Sin principio ni final.
Como la esfera del reloj.
Como el peso del segundo.
Como el día que no pasa.
Como la hora que no llega.
Como el tiempo inexorable.
Como la madriguera del conejo.
Como el sexo sin corrida.
Como la noche sin sueño.
(…)
Esas voces que no
me dejan dormir,
que se cortan con
el filo de un cuchillo,
que me despiertan
al filo de la madrugada,
que torturan, despiadadas,
mis sentidos,
son solo almas desahuciadas,
solo tristes almas en pena,
que penan con su vagar,
que penan entre desgarrados alaridos,
que penan mi pena triste
y mi triste caminar.
Bella es la vida pensada por ti,
curiosa perversión inhóspita...
Déjame sentarme en tu regazo
o sácame tu alma de mi ojo,
para que, al menos, pueda verte.
Hay ocasiones,
noches y madrugadas,
en que esta soledad,
se mezcla con dosis
de irracionalidad o,
simplemente, de locura feroz.
Nacen entonces palabras desnudas
que ni yo conozco,
ni he convocado.
Quizá aleadas por el corazón o
simplemente por el alma desnuda...
¿Por qué cuando el viento suena
siento toda esta desolación
dentro de mi alma hueca?.
Son acaso los fantasmas de
mi pasado que como rapaces
se ciernen sobre mi angustiado
corazón, al son incesante
del ulular de mis pensamientos.
Son acaso mis sentimientos
desasosegados en busca
de tan ansiada paz.
Lluvia y ceniza gris.
¿Qué esperanza queda?
Alma, sangre y dolor.
¿Qué esperanza resta?
Demodura o dictocracia.
Nada para el pueblo,
pero con el pueblo...
Hogueras, fosas de cal,
ideas, religiones y
sueños enterrados en
montañas de sal...
Solo queda la revuelta.
Honor y fe.
Pasión sin compasión.
Dolor y conciencia.
Cuando el suelo se pierde.
Cuando caigo al abismo...
Otra vez al abismo...
Negro, frío, desahuciado,...
Soy nada, un ovillo de nada,
Una madeja desmadejada.
Intento saltar, pero no tengo suelo.
Intento verte pero todo está negro.
Sentir tu calor, pero todo está frío.
Tenerte, pero me siento desahuciado.
Yo soy el abismo.
Nos hacemos uno.
Madeja desmadejada.
Soy nada.
Detesto cuanto me rodea,
pero no se salir de aquí
solo quiero volver a ser ovillo,
pero estoy triste y hastiado.
Solo me queda tristeza,
aquí en el abismo.
He llorado con este libro. Y no solo eso, confieso que es el primer libro con el que he llorado en mi vida y os aseguro que son cientos o quizá miles los que he devorado.
Quien le guste Fernando Sánchez Dragó (y a mi no solo me gusta, sino que soy un acérrimo seguidor suyo), encontrará en este libro un extraordinario retrato humano del autor.
Lo extraordinario, radica en que a diferencia de otras obras, autorretratos filosóficos, relatos de viajes o viajes esotéricos, "Soseki, Inmortal y Tigre", plantea un retrato (o mejor dicho, por qué no, autorretrato) humano en el que encontramos a un Sánchez Dragó que nos relata un cuento sobre su perdido y malogrado gato Soseki, tras el cual nos habla de la vida y la muerte y tras el que se asoma su infinita tristeza y sentido de culpa por lo sucedido.
Contaré y no es mentira, que el dolor por la pérdida de un animal, es una de las sensaciones mas brutalmente tristes que he sentido en mi vida y que he visto sentir...
En fin, a quien le guste Fernando Sánchez Dragó le recomiendo este libro y a quien no, también, claro está.
Es medianoche.
Estatuas de sal.
Solo quedan latidos.
Solo queda dolor.
Nada queda.
Pasamos por la vida, vacíos de contenido.
Sin nada que ofrecer o dar.
Empapados en alcohol.
Empapados en drogas.
Empapados en estupidez.
Empapados en ignorancia.
Empapados en necedad.
En el cajero, un viejo borracho muere
de frío, empapado en su vómito negro.
Ese maldito hijoputa no me deja
sacar dinero para ir a cenar…
¿No puedes morirte en la calle?.
Aire es tu mirada,
ráfaga efímera tu
efímera felicidad.
Yo, solo dura roca,
dormida del desierto.
Que bajo tu aire
en siroco se torna.
Que bajo tu felicidad
en arena se transforma.
Dos cuentos. Si.
Últimamente, he tenido mucho (quizá demasiado) tiempo para leer. Así que decidí respirar aire fresco y aprovechando el buen gusto de mis amigos, que en mi cumpleaños me los regalaron, decidí leer dos cuentos: “Alicia en el país de las maravillas”, de Lewis Carrol y “Coralina” de Neil Gaiman. Digo cuentos y aclaro semejante término, porque hay quien los ha denominado así y porque (y eso para mí por razones que diré si que es un misterio) ambos libros se encuentran habitualmente en las librerías, en las secciones de literatura juvenil (y Alicia, incluso en la infantil).
Respecto a “Alicia en el País de las maravillas”, reconozco que leer la obra, era uno de esos objetivos eternos que todos tenemos. A mi, me queda ahora, tan solo, ver la Alhambra y ello, por culpa de Washington Irving, cuya obra me cautivó siendo muy, muy niño... ya estoy divagado. Mil disculpas. Era, como decía, “Alicia en el País de las Maravillas”, una asignatura pendiente y llegó a mis manos al cumplir los treinta y nueve en una magnífica edición, ilustrada por Marta Gómez Pintada, de Nórdica Libros. En resumen y a mi juicio, NO es un cuento, NO es literatura juvenil y MENOS y por mucho que Walt Disney pretenda enmascararla, es una historia infantil.
Me parece una historia particular, paranoica, psicotrópica, alucinógena y sencillamente MARAVILLOSA. Francamente (y no exagero), si quisiera llevarme diez libros a una isla desierta, este estaría en la caja y yo seguiría al gato de Chesire allá donde este fuera.
Coraline es una obra actual. Mi inquietud, comenzó con el cómic (me lo compré la Navidad pasada) y se extendió porque me pareció un cuento inquietante. De hecho, el libro (editorial Salamandra, ilustrado por Dave McKean), ES un cuento inquietante. Tan cuento, quizá como Alicia y tan juvenil como esta. Digo, también, que MUY, MUY, MUY RECOMENDABLE, pero no (por supuesto), al nivel de Alicia.
Una consideración o reflexión: Entiendo por literatura juvenil, aquella orientada para un público juvenil (y me refiero a luna nueva y otras cosas parecidas). Bajo mi criterio, por supuesto personal, respetuoso y subjetivo, nada tienen que ver aquellas obras con estas. Decir que Alicia en el País de las Maravillas es literatura juvenil, es decir, bajo mi perspectiva, que El Señor de los Anillos es literatura juvenil. Es decir, una clasificación “ligera”. Posiblemente, Alicia es inclasificable.
Hoy, salta a la palestra la noticia de que el Juez Vanega, ha expulsado a Falange Española y de las JONS de la acusación particular del “caso Garzón”, ello en base a un formalismo legal. Eso si, permite que la asociación supermegaultrademocráticoguay “manos limpias” (que no es lo mismo, aunque casi, que anos limpios), continúe en la acusación... dice, textualmente el periódico digital supermegaultrademocráticoguay por excelencia (El País) textualmente y a cara descubierta que “Manos Limpias, que ha seguido sus indicaciones (se entiende en el contexto, del Juez Vanega), continúa con la acusación”... ¿Somos conscientes de lo que leemos?... pensarán algunos, ¡¡que gran victoria para la democracia!!...
...Y pienso yo, ¡¡y que curiosa paradoja!!.
Prometo que será más fácil.
Prometo ser yo.
Prometo ser más tuyo.
Prometo prometer menos.
Prometo hacer más.
Prometo más hechos.
Prometo no quererte menos.
Prometo un dulce viaje.
Prometo cien rosas.
Prometo un amanecer,
o un anochecer si es más de tu gusto.
Prometo que mañana será otro mañana.
Te prometo el tiempo.
Te prometo entender lo que no entendía.
Te prometo saber de nuevo.
Prometo este diciembre comer uvas y poder
mirar nuestro futuro con tus ojos de gato azul.
No quiero mirarme a los ojos.
Ojos de decepción.
Ojos de mirada perdida.
Las olas la extraviaron
una noche de frío poniente.
El olor a sal me trae
al amanecer, el recuerdo
alegre de una tarde de verano.
El Gato de Chesire me mira jocoso,
desde la rama del árbol, junto a
la madriguera del conejo saltarín.
No existe para él la mortificación.
Solo miradas jocosas que a mi alma
recuerdan su triste devenir.
Había levantado una pared
de grueso ladrillo anaranjado
en la ventana de mi habitación,
y me había pintado por fuera,
sin sonrisas ni lágrimas.
Dentro quedamos la tristeza y yo.
La infinita tristeza que durante
toda mi vida me acompañó.
La que me acompañaría a la muerte.
Fuera, la gente me saludaba
sonriente y despreocupada.
Un poquito más feliz.
Han pasado 100 historias, mensajes, dolores, experiencias, poesías y pesadillas desde que me adentré en mi Nebral. Tiempo he tenido de criticar, reír, llorar, perseguir gatos rallados y caer por madrigueras. Tiempo he tenido de hablar, escribir... y leer.
Debo reconocer que escribo porque me gusta, porque me sosiega, porque de alguna manera, libero mis fantasmas y porque me es más fácil hablar cuando no le hablo a nadie concreto.
Cuando abro el blog y veo un numerillo al lado de la palabra comentarios, soy feliz. Lo reconozco sin tapujos. Y no lo digo con vacío orgullo, sino con la extraña sensación e ilusión de ser oído del que se creía mudo.
A los que visitáis mi Nebral, bienvenidos a mi casa y gracias por venir.
Violados...
Violados por gente sin alma... políticos, terroristas, periodistas...
Violados...
Violados nosotros y nuestros muertos.
Violados en nuestras camas.
Violados en sus cajas.
Violados en nuestro recuerdo.
Una y otra vez violados...
Los titulares de la prensa hoy son el mayor insulto a la inteligencia humana de la historia de la democracia... o el mayor insulto a la democracia de la historia de la inteligencia.
Hace meses comentaba, preveía o adivinaba (vaya usted a saber) en una charla de bar o salón, que la última baza del PSOE sería anunciar el cese definitivo de la violencia Etarra un mes antes de las elecciones. Quiero decir que el chaval de las cejas levantadas que ya ganó unas elecciones gracias a la colaboración de E.T.A. y gracias a los muertos españoles, vuelve a intentar la maniobra a costa de los mismos personajes, aliados y víctimas, es decir y por orden, E.T.A. y nosotros y nuestros muertos, pero nadie dice la verdad.
Personalmente, no dudaría en definir es suceso como el más lamentable suceso de la historia de la democracia y de la inteligencia.
Ustedes verán.
Ya no recuerdo la primera vez que pensé
que nunca debió de ser así.
La última vez que mi reflejo,
asomado desde el fondo del espejo,
me miró con desdén e incluso, con odio.
Hoy permanezco sentado aquí.
Afortunadamente crucificado
por mis vigilias y mis miedos;
interesadamente engullido
por mis anhelos y mis vicios...
tristemente mortificado entre los jirones
de mi alma...
Cualquier día moriré solo
frente al tipo que me mira
con desdén y odio desde el espejo.
Anoche, en Corea, fue ejecutado por el gobierno el responsable político de política monetaria... por su política monetaria. Debemos aprender... Ahora todos gritáis ¡¡Animal!!, ¡¡burro!!, ¡¡colgao!!...
Tranquilo el personal, queden los tomates en el frigorífico y se relajen los músculos del cuello, que luego da tortícolis. NO me refiero a aprender de la cultura oriental a cortarle la cabeza a Zapatero. En primer término, porque Zapatero con o sin cabeza, es la misma cosa y hasta sirve para lo mismo. Me refiero, a aprender UN POCO del sentido de la responsabilidad y de la culpa de las sociedades orientales. Indudablemente, ejecuciones y hara-kiris, me han parecido siempre una sublimación excesiva (a veces hasta innecesaria) de los sentidos de responsabilidad y culpa, pero nuestra tendencia social a evitar que la gente (niños y no tan niños) se sienta culpable o, lo que es lo mismo, la criminalización del sentido de la culpabilidad, encabezada por maestros, psicólogos, sociólogos, religiosos y ciudadanos de buena cuna en general, nos está transformando en individuos amorales. Perdonar y perdonarse, puede ser positivo si previamente se ha asumido la culpa, pero de lo contrario, queridos camaradas, se constituye en un ejercicio ciertamente peligroso.
A veces uso para recibirte,
armas afiladas de incomprensión
y en otras ocasiones,
me siento en tu regazo como
un niño recién destetado.
Te lo advertí, cariño,
cuando decidiste convivir
con un gato triste y rayado,
que maullaba a la luna llena.
A estas alturas de la vida
desconozco sinceramente,
si la profunda tristeza que
a veces me invade,
proviene de lo por mí perdido
o del triste anhelo
de lo que nunca tendré.
Saudade, le dicen los brasileños.
Una triste bossa nova mecía
melancólica mi alma al filo
rojo del amanecer.
Silencio. Es solo silencio.
Sin palabras ni pensamientos.
Sin amores ni desamores.
Sin risas, sin tormentos.
Es la mañana, queda y quieta.
Es el cálido sol, deslizándose
sinuoso al fondo de tu corazón.
Esta mañana, mis huesos crujen.
Quizá sea este frío. Maldito frío.
Quizá sea solo el armazón de mi alma,
que se desmorona vencido.
El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, ha asegurado en Colombia que la Ley de Economía Sostenible que aprobará el Gobierno en Consejo de Ministros “no es ni buena ni mala, sino que es indiferente para atajar la crisis económica”... Supongo que hay que haber estudiado mucho, muchísimo, para realizar semejante valoración político – económica de la Ley de Economía Sostenible. ¡Sí señor, esto es hacer oposición!.
Y pensar que este señor cobra de todos los españoles y que (estando en el extranjero), en cierto modo nos representa. ¿Es este el presidenciable?.
Pues bien. El “hombre – opción”, aglutina en sí a los tres personajes del mago de Oz, o sea, la estupidez, la cobardía y la falta de sentimientos. Una gran opción para confiar como alternativa al “hombre – hueco” para coger el timón de España (¿se sigue escribiendo con mayúscula?) y atravesar la tormenta de la crisis.
En la vida de un marino, es obligado para quien por tal se tenga, pasar el Cabo de las Tormentas o Cabo de Buena Esperanza, llamado tal por Vasco de Gama y por cuyo paso los piratas se anillaban su oreja, como si de una proeza que los marcaba se tratara.
El año 2011, para mí, ha sido el de un marino comerciante de especias. He surcado los mares entre Europa y Las Indias cien veces. Cien veces he muerto y he resucitado. He sentido la sal y el mar dentro de mí arrastrando mi alma, oído la llamada de las sirenas y traicionado a mis antepasados por mandato de Neptuno. He vendido mi corazón por un puñado de oro y hoy, solo tengo un puñado de hierro redondo colgando de mis orejas.
No espero ni más ni menos del 2012 que lo que me ha dado el 2011. No han acabado las tormentas que me zarandean cada día. Pero GRACIAS a los que un día me atasteis al mástil de mi barco para que ignorara el canto de las sirenas, para que no me arrojara al fondo de mi desesperanza. No os debo mi vida, pero quizá os deberé mi cordura y mi locura y eso, por sí y para mí, es más.
La ebriedad de mis emociones me había empujado, sediciosa, al barranco de la incongruencia.
Podía haber sido, una vez más, el alcohol o la mera melancolía, que mansa se colaba por las grietas oscuras y cada vez más anchas de mi alma atormentada.
Brotó la poesía, brotó como un desgarro en el tiempo que transformó aquel instante en tan solo unas letras que, sobre el papel, fueron emociones perdidas:
“Donde va aquel doncel.
Donde el alma oscura va.
Su alma oscura de papel.
Sus lágrimas, aire son ya.
Aire perdido en suspiros.
Hálito de fin de la vida.
Vida del tiempo perdida.”
Quedó el alma inerme después, colgada solo del fino hilo ebrio de su soledad...
Es (o será) curioso. En marzo hice cuarenta (40) putos años, a contar desde el que mi madre me parió.
Ha sido un mes curioso en el que solo un grupúsculo de curiosos (y numerariamente casi exactos) seres humanos que tiene el malverso gusto de tenerme cariño, tuvo a bien celebrar conmigo tal fecha. Creo que no lo dije. GRACIAS.
Yo por mi parte, sumido en mis propias guerras, quedé sin voz y sin palabras (y sin entradas en el blog…). Afortunadamente, tras la muerte, suele venir casi siempre la resurrección... ¿?...
Hoy toca la crítica de “El Viaje del Elefante”, de José Saramago.
La historia, relata las aventuras y desventuras del viaje del elefante que Juan III, Rey de Portugal hizo a Maximiliano de Austria con ocasión de su boda. Personalmente, me parece que poner peros o trabas a su narrativa, debería ser declarado delito de categoría cuasi criminal.
No obstante, la historia de Subhro y Salomón (Corneta y Elefante), carece de la trascendencia e intensidad de otras del autor. Desde mi punto de vista de lector, se constituye en una obra secundaria del autor. Recomendable en todo caso, aunque no esencial en cualquier biblioteca.
Es completamente cierto que no tenía ninguna expectativa cuando entré en la Sala de Cine, con mi mujer y dos hijos a ver PLANET 51. Ahora bien, una vez finalizada la película, solo cabe un comentario: GENIAL.
La película, narra la peripecia de un astronauta terrícola en una ciudad extraterrestre, donde será considerado como un “invasor”.
Dotada de un ritmo trepidante y una cuidadísima estética y ambientación, la película mantiene el interés sin escenas tediosas, excesivamente melancólicas u obscuras. Además, contiene infinidad de “gags”, todos de humor blanco, que la convierten, insisto, en una película ideal para toda la familia.
En resumen, muy aconsejable.
Me empeñé en seguirle.
Sabía que él y solo él,
era el culpable de mi inquietud.
Hacía tan solo unos minutos,
había renunciado a mi cordura
y resuelto, había decidido
llegar hasta el final...
aún sin saber que encontraría allí.
Curiosamente, no sabía donde terminaría,
pero sí donde no habría de terminar...
El gato sonreía demenciado.
Temí dormir una vez más y
no encontrar el camino al despertar.
Entre sueños, escuche su voz:
Olvida el camino –susurró Cheshire–
Cierra los ojos, sígueme
y olvidaló todo...
Y me dejé caer por el hueco
de aquel arbol.
Si creyera en Dios o en dios,
en cualquiera de ellos, en el
de los hombres o en el de los
dioses…
Acaso no celebraría mi vida.
La vida.
Acaso no celebraría mi existencia.
La existencia
Los sentimientos se arremolinan en
el centro de mi corazón.
Solo existe la tristeza.
Entre vapores de alcohol,
desde mi alma desmañada,
desde mi pensar perdido,
de mi soledad desmedida...
Palabras perdidas son.
Solo pesadillas son.
Son solo sueños torpes
de mi alma desmañada.
Son solo las febriles
pesadillas del alcohol.
Son solo desvaríos de
un vacuo corazón.
Son los terribles fantasmas
heridos de mi pasado ...
Palabras solo son...
“No se puede engañar a todo el mundo, durante todo el tiempo”. Así reza un viejo refrenillo y tal es el anhelo de este triste escritor. Me siento engañado por el gobierno o por todos los gobiernos y por las oposiciones. Por todos los políticos en general. Engañado por los medios, que son de los políticos, por los bancos, que de ellos son los políticos, por los sindicatos, por los agentes sociales. Estamos engañados por todos y todos nos deben una explicación. Nos deben resarcimiento. Nos deben dolor.
Una curiosidad. Tras una larga espera y tras la difícil, laboriosa y cara rehabilitación de las Cuevas de Altamira, el presidente de Cantabria, va y propone, para su re – inauguración, invitar a... ¡¡Obama!! (y no es broma). A falta de personalidades intelectuales y culturales en España y Europa, ¿Por qué no importar más políticos?.
Uno lee esto y entiende que, en manos de esta puta manada de incompetentes e hijos de puta, solo nos cabe esperar a nuestras peores desesperanzas.
Cuando estas lleguen, entonces y solo entonces, deberemos hacerles pagar con dolor.
Tras contar cuatro estrellas,
he sentido haber perdido
una parte del juicio
y es por ello, por su pérdida,
por el dolor ya perdido,
por lo que no bebo whisky
(esta noche).
Habíamos abandonado el pueblo hacía unos minutos, años quizá... al perderlo de vista, me había invadido un extraño sentimiento, mezcla de nostalgia y esperanza por lo dejado y por lo que podríamos encontrar mañana.
Quizá fueran las nubes negras, que siempre me oprimen el corazón en las tardes cortas de invierno las que trasladaron a mi mente pensamientos impíos de muerte y autodestrucción. Mi acompañante es la puta por la que dejé a mi familia. Es joven, tiene los ojos de un color verde turquesa y fuma un cigarrillo rubio sobre en que se marca el carmín de sus labios, echando suaves volutas de humo azul por la ventanilla. Sentado junto a ella, en silencio, desposeído de todo cuanto tuve mientras la larga línea blanca discurre junto al coche, la nostalgia ahoga ahora a la esperanza dejándome claro lo que encontraré mañana.
Sin embargo, no puedo dejar de mirarla. Es la misma obsesión que sentí el día que mi mujer la contrató como auxiliar en la farmacia. Está ahí sentada, ligeramente reclinada en el asiento, como ausente, no puedo dejar de mirar la ligera apertura de sus piernas de imaginar sus pechos bajo su camiseta ligeramente desabrochada. Todo es tan ligero como insinuante y obsesivo en mi mente.
Giro el volante y cambio la marcha. Dejo caer descuidadamente la mano sobre su rodilla izquierda. Pasan los segundos. Largos, pausados segundos en que nadie dice nada... La raya de la carretera y los árboles pasan por el centro y lados de la carretera. Lentos y obsesivos como el tiempo; mi mano quieta, para nerviosa sobre su rodilla, tan obsesivamente distante de la otra rodilla.
De pronto se desliza hacia abajo, la falda se arruga suavemente; sus piernas dejan de describir un perfecto ángulo agudo; abre la puerta con un ligero golpe... con una leve invitación. La misma que me cautivó el día en que la vi y me hizo comprender donde acabaría mi futuro.
Acaricio el interior de su muslo. Soy incapaz de pensar en otra cosa. Ella sigue fumando, casi impasible, pero ahora sus volutas de humo azul escapan entre los dientes de una sonrisa traviesa. Pronto la tela no es un obstáculo para hundir mis dedos en el humedal. Su expresión cambia y deja escapar un ligero gemido que hace dispararse mi corazón. Su cintura se deja caer aún más. Su falda se arruga y el algodón de su camiseta entreabre el escote, dejándome ver sus pechos casi ilegales. Su mano se libera del cinturón y me libera a mí... sonrío...
Nada importa ahora. No existen un hoy ni un mañana. Mi mano se mueve frenética. Latidos obscenos desbocan mi corazón entre gemidos inocentes que flotan en el coche entrelazados entre volutas de humo. No me quedan recuerdos. Casi recuerdo que nunca quedaron. Mi pie se inclina aún más.
Una mano pérfida expone lo oculto, desarma su armadura arrojando un pecho al aire, me siento ahogado, anhelante del final. Mi mano busca aún más mientras su espalda se arquea. Será la última vez. Lo vengo diciendo desde hace meses... De pronto un gemido profundo, gutural, prolongado, casi animal, invade el aire. Veo el campanario. Vuelvo a la realidad y giro violentamente el volante.
Veo su cabeza reventar el cristal en mil pedazos, su cuerpo abandonar el asiento, aún con esa expresión, con los labios entreabiertos... el coche voltea incesante, vuela libre de ataduras, lejos del suelo.
Oigo un enorme crujido. Veo el campanario...
Me asomo a la ventana. Llueve.
Enormes gotas revientan contra los cristales.
La ira aún flota en el aire denso de nuestra habitación.
Intento dibujar un corazón en el empañado cristal,
pero mi dedo se desliza mudo...
¿Se me habrán empañado de nuevo los ojos?.
Manos hastiadas de letras,
mente turbia y sincera,
palabra dormida a tu vera.
Noche de autos.
Solitaria tu...
Hora de escribir. Reúne la tarde las condiciones propicias para que duendes y hadas me visiten, es decir, dos partes iguales de melancolía y alcohol, una de soledad y otra de tranquilidad. Infalible e inefable mixtura necesaria, los habrá que escriban y dirán que no, pero ellos en sus adentros, sabrán con qué recetario han substituido químicamente a las partes del compuesto antedicho.
A lo que voy. El crepitar de la leña en la chimenea y la ginebra, me ausentan de mi mismo. Hace un par de horas (casi) que mi mujer salió de casa y con los niños en la calle, la habitación ha adquirido dimensiones victorianas y el tiempo me ha hecho dueño del silencio. Quiero escribir y no se de qué ni a cuento de qué. Sería fácil inventar, opinar o evadirme, pero el momento no lo permite y eso, es la soledad. El encuentro conmigo mismo que tan codiciado es. Es el encuentro fugaz e intenso con un amante. Es un beso proscrito en la parada del autobús. Eso, curioso y contrario; metafórico e incongruente, es la soledad. Quien la odia (en su dosis justa), se odia a si mismo...
Al grano (si es que hay alguno). Leía a Fernando Sánchez Dragó hasta hace un minuto (a principios de año, decidí abandonar el vicio de trabajar los fines de semana y dedicarme mas tiempo a mí, a mi soledad, siempre en su justa dosis) y con su lectura, la de sus memorias agrupadas bajo el título de “esos días azules” (ya la comentaré a su finalización) me ha dado, de nuevo, el gusanillo de los viajes. No sabe el escritor leído, lo que en cierto modo le debo literaria y vitalmente... y no se confunda a fecha de hoy, mi débito con pleitesía o idolatría. Nada tienen que ver ambos. Hay que cruzar un puente de piedra para traspasar el valle de los caídos que separan ambas posiciones.
Reconozco y lo digo aquí, que Galicia se me quedó corto. Corto no por razón del destino (podría vivir una vida en cada uno de sus rincones), sino por razón de vivencia. Si mi mujer lee esto (¿afortunadamente? jamás entra aquí) me mata, pero se que con absoluta seguridad volveré. Esta es la segunda vez que voy a Galicia, pero aún no he estado (ya me pasó con Roma)... es como ir a comer a tutiplén y no tomarse un café y una copa después.
Tengo la promesa de hacer (al menos en parte y a pie) el Camino de Santiago. Oportunidad y tiempo habrá...
Sobre lo de los viajes, Madrid, Londres y París... Pero piano, piano...
He perdido mi alma
en un cubo de basura.
Vísteme...
Me encuentro demasiado solo
en este mundo desalmado.
Hoy, Asfixia, de Chuck Palahniuk.
Curiosa novela, cuya lectura inicié por pura casualidad, es decir, la compré un día leyendo contraportadas en una librería y sin conocer a un autor que, por lo visto, es bastante exitoso. Ácida, como todo lo que pasa por la mente de su autor (luego me enteré de que escribió “el Club de la Lucha”), ha sido encuadrada, a mi juicio injustamente, por la crítica en el género de comedia. Francamente, no se de que coño se ríe hoy la peña.
Al fin y al cabo, un drama ácido que rota vertiginosamente alrededor de sus personajes que resultan ser, curiosamente sin excepción, unos desgraciados despojos sociales.
Para mí, un libro bastante recomendable.
Ya lo decía la película.
Aquel héroe anónimo en su
banco pintado junto a esa
señora de cierta edad:
La vida es como una caja
de bombones...
Joder.
Solo que no me gusta
el chocolate.
Hoy toca crítica literaria. Acabo de terminar “La Costa de los Mosquitos”, de Paul Theroux.
He leído este libro, no porque me gustara la película, si fuera por eso, no me lo habría leído (detesto leer libros cuyo final conozco, no recuerdo haberlo hecho nunca). Recuerdo que vi la película hará quince o veinte años, prácticamente cuando se estrenó en vídeo y no recuerdo que me gustara especialmente, pero sí que, de algún modo, me impresionó.
El libro, que esa es la cuestión que me trae aquí, es absolutamente inclasificable. Podríamos encontrarlo en las secciones de literatura de aventuras, dramática, de viajes, emocionales, casi de psico-killers o de familia de cualquier biblioteca. Reconozco que cuando decidí leerlo, acababa de salir de una lectura digamos “trascendental” y tocaba algo ligero y por eso la escogí. Craso error. Conforme se avanza en su lectura, se encuentra una obra total, llena de matices, tensa no, tensísima, casi angustiosa en su final.
El periplo de Allie Fox y su familia, a través de la hondureña Costa de los Mosquitos, inicialmente motivada por su rechazo radical a la “American Way of Life”, puede obtener al principio la secreta empatía de la inmensa mayoría de los lectores, pero conforme transcurra la acción, la situación degenerará de modo terrible e inexorable...
En fin y a mi juicio, un libro muy recomendable cuya lectura transportará al lector a otros lugares y a un par (como mínimo) de reflexiones interesantes.
La fe no tiene religión,
el amor no tiene dueño,
triste la existencia,
pertinaz la soledad.
Extraños seremos, mi amor,
el uno con el otro, anclados
a este mundo sin razón y
sin corazón, aún cuando
no nos quede nada.
Me he encontrado enterrado
en la oscuridad.
Al intentar perseguir a
Chesiré, encontré rejas
en el hueco del arbol.
Rejas en mi cabeza...
Rejas en mi locura...
Rejas en mis sueños...
Rejas. Solo rejas oxidadas.
Acero en rejas.
Rejas enrejadas.
Nada queda.
Solo soledad.
Oscuridad.
Desesperanza.
Melancolía.
Nada...
Anoche, lúgubre noche,
de entre las ascuas
dormidas de la chimenea
en mi salón, me asaltaron
demonios, oscuros demonios
que rindieron mi alma entre
vapores de alcohol.
Dormida quedó si más,
en un rescoldo de llama,
a la espera de su calor.
Sin más abrigo que el llanto,
llanto amargo de mi solo corazón.
El ojo de mi ama engorda mi caballo.
A veces se encabrita y entonces,
solo entonces, miro a mi alrededor.
A veces encuentro una luz cegadora
o una oscuridad inmensa.
Otras veces, solo soy un ovillo.
Un juguete de lana,
bajo las zarpas de un gato azul.
Medianoche en el jardín
del bien y del mal.
He gritado hasta perder la voz.
He llorado hasta ahogarme.
Solo queda la decepción.
Mañana es lunes.
Caminaban dos árabes sobre monturas ricamente adornadas, ambas camellos fuertes y veloces, a lo largo de una rambla, antaño tierra fértil surcada por un río y hoy solo trago seco al borde del desierto arábigo de Al Jawziliyat, paso obligado del Sahara para quienes en busca de riquezas se adentraban para llegar vivos a Egipto o morir solos en él.
Al llegar al borde del desierto, ambos caballeros se miraron en silencio, el mismo silencio que les había acompañado a lo largo de la rambla. Ante ellos, se erguía enorme el laberinto del vacío inhóspito, solo habitado por el mismo silencio que les acompañaría en su travesía. En silencio espolearon sus monturas sin mirar atrás y con sus esperanzas y miedos presos en sus corazones. El de Said contando a cada paso cuanto menos había para llegar y el de Ahmed lleno de tribulaciones y miedos.
Cuando hubieron atravesado gran parte de su camino, el desierto les engulló y engulló a sus monturas. La tormenta de arena anegó sus enseres, sus pulmones y sus corazones. Said, acurrucado bajo su montura muerta, esperaba con ánimo que el viento cambiara, mientras que Ahmed maldecía su fortuna creyendo seguro su infortunio.
Una viajero de camino a Egipto los encontró muertos días después, llenos de polvo del desierto y con los surcos del horror y el sufrimiento en sus rostros.
Ron dulce. Es solo eso,
lo que ahora me distingue
del gato callejero que
retoza en mi jardín...
Y no hay aquí figura
literaria alguna.
Había encontrado tu mirada tras el cristal.
Colmada de todas las inmensidades...
Inmensamente atractiva para mi mirada.
Inmensamente sobria tras tu sonrisa.
Inmensamente serena sobre mí...
Había encontrado tu sonrisa.
¡Oh, el amor!.
¡Oh, qué efímero es
el para siempre.!
¡Oh, que ciego.!
¡Oh, qué estúpido es!.