
La fiesta abrió sus puertas a las diez de la noche, pero los invitados empezaron a llegar a partir de las doce. Sería cosa de su condición o reflejo de su naturaleza, pero cuando se organizaban fiestas así, nadie se atrevía a salir de casa antes de las doce. La costumbre heredada de tiempos inmemoriales y nacida de las antiguas costumbres de la sociedad, hoy desusadas y obsoletas por el hábito común al trasnoche, tenía como fin el no ser vistos por quienes extra muros, pudieran caminar sacando al perro o, simplemente, pasar por ahí.
A la fiesta acudió una nutrida muestra de la alta sociedad. Fueron los primeros en llegar, el Barón de Ufarte - Alberrondo y su encantadora esposa (en la foto), ambos de rigurosa etiqueta y derrochando elegancia. Habíanse limpiado de gusanos y ácaros y lucían blancas sus osamentas. Don Gervasio Piquer, llegó acompañado de dos bellas damiselas, ando alas a su fama de mujeriego incorregible y a pesar de que durante una fiesta celebrada en días anteriores, perdiera varias falanges de su mano derecha. Pudieron verse, además, caras conocidas como la de don Ildefonso Pi y Salacorrosa, doña María Toledano Huertas o el ex – deportista Flavio Blanco.
El evento, celebrado en la cripta principal del cementerio de San Martín, se prolongó hasta altas horas de la madrugada.
Hora de escribir. Reúne la tarde las condiciones propicias para que duendes y hadas me visiten, es decir, dos partes iguales de melancolía y alcohol, una de soledad y otra de tranquilidad. Infalible e inefable mixtura necesaria, los habrá que escriban y dirán que no, pero ellos en sus adentros, sabrán con qué recetario han substituido químicamente a las partes del compuesto antedicho.
A lo que voy. El crepitar de la leña en la chimenea y la ginebra, me ausentan de mi mismo. Hace un par de horas (casi) que mi mujer salió de casa y con los niños en la calle, la habitación ha adquirido dimensiones victorianas y el tiempo me ha hecho dueño del silencio. Quiero escribir y no se de qué ni a cuento de qué. Sería fácil inventar, opinar o evadirme, pero el momento no lo permite y eso, es la soledad. El encuentro conmigo mismo que tan codiciado es. Es el encuentro fugaz e intenso con un amante. Es un beso proscrito en la parada del autobús. Eso, curioso y contrario; metafórico e incongruente, es la soledad. Quien la odia (en su dosis justa), se odia a si mismo...
Al grano (si es que hay alguno). Leía a Fernando Sánchez Dragó hasta hace un minuto (a principios de año, decidí abandonar el vicio de trabajar los fines de semana y dedicarme mas tiempo a mí, a mi soledad, siempre en su justa dosis) y con su lectura, la de sus memorias agrupadas bajo el título de “esos días azules” (ya la comentaré a su finalización) me ha dado, de nuevo, el gusanillo de los viajes. No sabe el escritor leído, lo que en cierto modo le debo literaria y vitalmente... y no se confunda a fecha de hoy, mi débito con pleitesía o idolatría. Nada tienen que ver ambos. Hay que cruzar un puente de piedra para traspasar el valle de los caídos que separan ambas posiciones.
Reconozco y lo digo aquí, que Galicia se me quedó corto. Corto no por razón del destino (podría vivir una vida en cada uno de sus rincones), sino por razón de vivencia. Si mi mujer lee esto (¿afortunadamente? jamás entra aquí) me mata, pero se que con absoluta seguridad volveré. Esta es la segunda vez que voy a Galicia, pero aún no he estado (ya me pasó con Roma)... es como ir a comer a tutiplén y no tomarse un café y una copa después.
Tengo la promesa de hacer (al menos en parte y a pie) el Camino de Santiago. Oportunidad y tiempo habrá...
Sobre lo de los viajes, Madrid, Londres y París... Pero piano, piano...
Tardes de invierno nublado,
recuerdos sordos del corazón,
posos de impenitencia perdida,
de canciones perdidas, su son.
Rosas cortadas en flor y
Cualquier otro rock´n roll.
No quedan desesperanza ni
lágrimas vertidas al sol.
Solo están los que estaban,
las rosas cortadas en flor,
un puñado de recuerdos rotos
y alguna herida en mi corazón…
En la vida de un marino, es obligado para quien por tal se tenga, pasar el Cabo de las Tormentas o Cabo de Buena Esperanza, llamado tal por Vasco de Gama y por cuyo paso los piratas se anillaban su oreja, como si de una proeza que los marcaba se tratara.
El año 2011, para mí, ha sido el de un marino comerciante de especias. He surcado los mares entre Europa y Las Indias cien veces. Cien veces he muerto y he resucitado. He sentido la sal y el mar dentro de mí arrastrando mi alma, oído la llamada de las sirenas y traicionado a mis antepasados por mandato de Neptuno. He vendido mi corazón por un puñado de oro y hoy, solo tengo un puñado de hierro redondo colgando de mis orejas.
No espero ni más ni menos del 2012 que lo que me ha dado el 2011. No han acabado las tormentas que me zarandean cada día. Pero GRACIAS a los que un día me atasteis al mástil de mi barco para que ignorara el canto de las sirenas, para que no me arrojara al fondo de mi desesperanza. No os debo mi vida, pero quizá os deberé mi cordura y mi locura y eso, por sí y para mí, es más.
Caminaban dos árabes sobre monturas ricamente adornadas, ambas camellos fuertes y veloces, a lo largo de una rambla, antaño tierra fértil surcada por un río y hoy solo trago seco al borde del desierto arábigo de Al Jawziliyat, paso obligado del Sahara para quienes en busca de riquezas se adentraban para llegar vivos a Egipto o morir solos en él.
Al llegar al borde del desierto, ambos caballeros se miraron en silencio, el mismo silencio que les había acompañado a lo largo de la rambla. Ante ellos, se erguía enorme el laberinto del vacío inhóspito, solo habitado por el mismo silencio que les acompañaría en su travesía. En silencio espolearon sus monturas sin mirar atrás y con sus esperanzas y miedos presos en sus corazones. El de Said contando a cada paso cuanto menos había para llegar y el de Ahmed lleno de tribulaciones y miedos.
Cuando hubieron atravesado gran parte de su camino, el desierto les engulló y engulló a sus monturas. La tormenta de arena anegó sus enseres, sus pulmones y sus corazones. Said, acurrucado bajo su montura muerta, esperaba con ánimo que el viento cambiara, mientras que Ahmed maldecía su fortuna creyendo seguro su infortunio.
Una viajero de camino a Egipto los encontró muertos días después, llenos de polvo del desierto y con los surcos del horror y el sufrimiento en sus rostros.
Violados...
Violados por gente sin alma... políticos, terroristas, periodistas...
Violados...
Violados nosotros y nuestros muertos.
Violados en nuestras camas.
Violados en sus cajas.
Violados en nuestro recuerdo.
Una y otra vez violados...
Los titulares de la prensa hoy son el mayor insulto a la inteligencia humana de la historia de la democracia... o el mayor insulto a la democracia de la historia de la inteligencia.
Hace meses comentaba, preveía o adivinaba (vaya usted a saber) en una charla de bar o salón, que la última baza del PSOE sería anunciar el cese definitivo de la violencia Etarra un mes antes de las elecciones. Quiero decir que el chaval de las cejas levantadas que ya ganó unas elecciones gracias a la colaboración de E.T.A. y gracias a los muertos españoles, vuelve a intentar la maniobra a costa de los mismos personajes, aliados y víctimas, es decir y por orden, E.T.A. y nosotros y nuestros muertos, pero nadie dice la verdad.
Personalmente, no dudaría en definir es suceso como el más lamentable suceso de la historia de la democracia y de la inteligencia.
Ustedes verán.
Había encontrado tu mirada tras el cristal.
Colmada de todas las inmensidades...
Inmensamente atractiva para mi mirada.
Inmensamente sobria tras tu sonrisa.
Inmensamente serena sobre mí...
Había encontrado tu sonrisa.
Mi primera lectura del verano, fue “El Guardián entre el Centeno”, del norteamericano J. D. Salinger. Obra que hacía bastante tiempo tenía curiosidad por leer, lo reconozco, por su notoriedad pública y por la extraña leyenda que la rodea desde que fuera reconocida como la “lectura de mesilla” del asesino de Lennon, del de Rebecca Schaeffer (ambos lo portaban en el momento de su detención) y del fallido asesino de Reagan (este reconoció que le obsesionaba).
Leyendas aparte, me ha parecido el típico libro de literatura desgarradora americana (en el propio Blog hay comentarios sobre autores como Steinbeck o Palahniuk, muy en esa línea), narrado, eso sí en primera persona para resultar muy cercano al lector.
Personalmente, me ha decepcionado. No lo recomiendo.
Fui a ver “Los Pitufos”, versión cinematográfica de los conocidos personajes del dibujante Belga Peyo. Cierto es que me parece una muy buena película sin más pretensiones que divertirte un rato viéndola en familia. Carente, de forma total y absoluta, de oscuridades y dobleces que la desaconsejen para el público más pequeño de los más pequeños.
He despertado, lentamente, en medio de la niebla. Jirones blancos de algodón que confunden el horizonte con el mar y el cielo. La he mirado absorto, sumido en el extraño silencio visual que me rodea.
No camino entre la niebla blanca. Solo estoy en medio de ella mientras me acaricia gélida, húmeda y dulce. Lo ha transformado todo en un universo blanco, en una blanca ola que todo lo engulle a su paso.
Siento, por un instante, una extraña soledad en medio de la niebla que ha engullido todo el universo.
Siento, entonces, una extraña paz en medio de las olas.
Creo que ya no escribía porque habían dejado de importarme hacerme oír. Posiblemente, las circunstancias de mi vida y mis pensamientos, no me importaban ni tan solo a mí. Estaba (literalmente), tan aburrido de aburrir, que había descubierto tras la hoja cibernética blanca un precipicio tras el cual no había nada. Tras el cual, mejor dicho, ni siquiera quería que hubiera nada. Mi editor y amigo me había llamado ya alguna que otra vez, sin querer presionarme (era más mi amigo que mi editor), esperando obras o, al menos, ideas. Asustado por astillar el frágil equilibrio que yo ya había perdido. La pantalla de mi portátil, me devolvía la imagen de un borracho decadente y me escondía las palabras en la larga conejera de mi subconsciente. Palabras ebrias de alcohol y dolor, flotando mortecinas como veleros sin timón. Al pairo de mis emociones y sumidas, por tanto, en la calma de mi desolación interior.
Papá, te quiero decir,
Papá te voy a decir,
Papá ese triste secreto,
Papá ese momento...
Papá ese sueño...
Esa lágrima que baña mi recuerdo,
Ese recuerdo que baña mi vida.
Ese sueño, parte es mi vida.
Papá, ¿dónde estoy?,
Papá, ¿dónde voy?,
Papá, ¿y tu lado?,
Papá, ¿y tu aliento?,
Papá, ¿y mi miedo?,
¿Dónde mi conciencia?.
¿Acaso en mi recuerdo?
¿Bañada en mis lágrimas?
Lagrimas que mi vida agotan.
Lágrimas que mi alma ahogan.
Se acabó la campaña política, otra campaña política.
Ganó quien se esperaba que ganase, de forma aplastante. Hoy, el Partido Popular, es el gestor de un altísimo porcentaje de nuestra España. España es azul. La gaviota (“il gaviano” dirían los italianos muy al hilo de lo de la calle Gánova), sobrevuela las cabezas de los españoles. Es el momento de dar las gracias al veintiséis por ciento (26%) de la población votante que les ha votado... ¿Aplastante?, ¿representatividad?.
Fuera de toda duda, el sistema electoral español, la ley de homs, es un extraño fraude que acalla y asfixia indefectible y continuamente la voz de los disidentes en beneficio de los propietarios del cotarro político. Es por eso, por lo que en conciencia, creo que no cabe otra acción posible que la de los indignados. Auténticos protagonistas de una “Spanish Revolution” nacida con el único fin de remover (aunque con nivel 2,1 en escala Richter) los cimientos de la dictocracia moderna.
Pero aún debo ir más allá. Publiqué a modo de preludio una introducción literaria a este periodo electoral. Hoy, vista la situación los resultados y el panorama socio económico, de triste carestía e imparable picado, no me cabe otro pensamiento que aquel que me hace barajar una acción violenta (o acciones violentas) como única, real y plausible solución a la actual situación. No nos engañemos, el PSOE, ha tenido un 6% menos de votantes que el PP... ¿Vencedores y vencidos...?
Si. Vencedores los burócratas y oligócratas. Los políticos y banqueros. Vencidos, todos los demás.
Hoy toca la crítica de “El Viaje del Elefante”, de José Saramago.
La historia, relata las aventuras y desventuras del viaje del elefante que Juan III, Rey de Portugal hizo a Maximiliano de Austria con ocasión de su boda. Personalmente, me parece que poner peros o trabas a su narrativa, debería ser declarado delito de categoría cuasi criminal.
No obstante, la historia de Subhro y Salomón (Corneta y Elefante), carece de la trascendencia e intensidad de otras del autor. Desde mi punto de vista de lector, se constituye en una obra secundaria del autor. Recomendable en todo caso, aunque no esencial en cualquier biblioteca.
No ha sido mi intención, le dije mirándole a los ojos vacíos de vida y llenos de capilares rojos. Es que me pone nervioso la mezquindad y, de entre ella, la política me enferma y me enajena inexplicablemente haciéndome perder puntualmente la cordura. La concurrencia, a mi alrededor, recetaba en su mirada una mixtura de terror, inquietud y curiosidad, aderezada indiscutiblemente, con una pizca de secreta comprensión.
No había podido atenazar el secreto instinto de saltar sobre él cuando apenas llevaba cinco minutos ante el micrófono, vestido con su mejor sonrisa de ganador. Nadie me sujetó cuando mis manos rodearon su cuello desplazando tras un chasquido seco su nuez de adán. Nadie me reprocho nada cuando la policía, entre miradas de secreta compasión me introducía en el furgón azul a las puertas de la plaza de toros.
Es (o será) curioso. En marzo hice cuarenta (40) putos años, a contar desde el que mi madre me parió.
Ha sido un mes curioso en el que solo un grupúsculo de curiosos (y numerariamente casi exactos) seres humanos que tiene el malverso gusto de tenerme cariño, tuvo a bien celebrar conmigo tal fecha. Creo que no lo dije. GRACIAS.
Yo por mi parte, sumido en mis propias guerras, quedé sin voz y sin palabras (y sin entradas en el blog…). Afortunadamente, tras la muerte, suele venir casi siempre la resurrección... ¿?...
Cuanto tiempo...
Sin escribir,
sin Hablar,
sin llorar,
sin respirar...
Desde el agujero.
Desde el conejo.
Desde el sombrerero.
Dije aquí que saltaría...
y salté...
Sin alma.
Sin recuerdos.
Sin pasado.
Sin sentimientos.
Salté solo y desnudo.
Quedé solo y desnudo.
Hola.
Probablemente, hay cosas que solo se pueden percibir (y decir), después de una paliza, un traquetreo o después, simplemente, del paso del tiempo.
La primera, es que he perdido. He fracasado... Y no hay nada más difícil que decir.
Puedo andar con eufemismos, populismos y excusas, pero cuando los marinos zarpaban a las Américas y se volvían a puerto naufragados en las tormentas, el escorbuto, la peste, los piratas o, simplemente, en los naufragios, fracasaban. A mi edad se cuando fracaso y cuando naufragio, no por la teoría, general y difundida, sino por la práctica. Llevar quince años sumido en el perpetuo fracaso, hundido en un hondo charco de mierda, te hace un perfecto conocedor de donde estás y de lo que haces.
Hace varias entradas (¿post los llaman los modernos u oigo campanas?) hablaba del gato que seguiría, quería seguir y no me atrevía. Lo he hecho. He iniciado nueva aventura, nueva singladura, nueva esperanza. Para ello me he cagado en mi pasado, en mi conciencia y en algo más.
Lo decía la canción. Tengo mucho barro que tragar o muchas huellas que borrar.
La cola rallada se mece frente a mi nariz, tras el profundo hueco del tronco del árbol de mi jardín. Queda la esperanza.
Confieso que no conozco la mayor parte de las drogas. Tuve la suerte o la desgracia de no haberme gustado el chocolate “decuandoeschico” o, lo que es lo mismo, cuando era niño, y luego, de adolescente tuve la surte de no gustarme el tabaco y darme miedo las agujas. Eso, dejaba solo hueco para lo que entra por la nariz (demasiado pobre o fuera de contexto) y para las drogas de diseño (definitivamente, fuera de contexto).
En resumen, me ha quedado el alcohol. Esa, si que la conozco. El alcohol es curioso, porque actúa en función de las circunstancias (o a gusto) del consumidor.
Si estás de fiesta, te pone espitoso.
Si estás deprimido, te hunde el la mierda.
Si estás solo y bebes solo,
ves el color de tus huesos al trasluz.
El rosado de tus órganos al trasluz.
El gris de tu dolor al trasluz.
Como conocedor, te diré que todo es mentira. Siempre he bebido para estar solo. Solo con la fiesta, con la mierda, con mis huesos, mis órganos y mi dolor.
Por eso y solo por eso, a veces, estoy tan solo.
Dormía la dama bajo su dosel adornado.
Dormía turbada bajo su corazón abatido.
Sus pálidas mejillas, heladas y frías.
La mano huesuda en su corazón fruncida.
Era su sueño mi sueño anhelado.
Era mi anhelo su sueño perdido.
Es su muerte mi soledad eterna.
Es la eternidad mi muerte en vida.
¿Dónde los Arcángeles amados?.
¿Dónde la eternidad perdida?.
¡Solo queda el silencio taimado!.
¡Solo quedará mi alma fría!.

Me parece interesante desde esta tribuna, contar a los españoles que ya un veinte por ciento de la población activa está en paro. Y lo digo, porque parece ser una realidad desconocida a la mayoría o que, como poco, genera una inexplicable indolencia.
Preocupados están los establecimientos hosteleros por la Ley Anti – Tabaco (y no por el 20% de sus clientes que no tienen ni para pagar la hipoteca), los sindicatos por la edad de jubilación a la que no vamos a poder cotizar por estar en paro, los jóvenes por la Ley “Sinde” y no por la situación “sintra” (bajo) y la población en masa por si fue o no el gol del Sevilla – Madrid y por si hay que apañar electrónicamente la cuestión. Sin embargo, el telediario “suelta” que un 20% ¡¡¡¡20%!!!! de la población activa está en paro y nadie se mueve...
Entre los que han dado sus resultados a día de hoy, La Caixa, ha dado a finales de 2010 1.307 millones de euros de beneficio neto, Banco Sabadell, 380 millones de euros,Baco Valencia, 67 millones de euros, y quedan por dar resultados el "top" de las entidades (Banco de Santander, BBVA, Caja Madrid, Popular, ...)
Luego, están los políticos, sus sueldos, pensiones y privilegios...
¿Y los contenedores quemados?, ¿y los cajeros reventados?, ¿y las manifestaciones?, ¿y los paros?, ¿y el gobierno en pleno retransmitiendo su colectivo hara-kiri?, ¿y los atentados?, ¿y la repudia pública?...
Lo cierto es, que siento VERGÜENZA de ser español.
Buenos días, mi amor (le había dicho a la furcia que, desposeída de su cabeza, no me miraba desde la cama). Yo me estaba limpiando toda aquella puta mierda bermellón con la que me había salpicado mientras, serrucho en mano, le borraba aquella estúpida expresión con la que me miraba. No me había dado la impresión de ser demasiado ni poco inteligente. Ni siquiera le había prestado demasiada atención en la cama. No la había merecido.
Cuando acabé los trabajos de limpieza, me sentí de buen humor, jocoso y bromista. Coloqué cuidadosamente el cuerpo bajo la cama y volteé el colchón a fin de que, a simple vista, la limpiadora no pudiera ver los restos del cuerpo aquella fulana ni de su sangre. Luego, cogí su cabeza y la coloqué en el inodoro, con los ojos muy abiertos y mirando hacia arriba.
Mientras pulsaba el botón del ascensor que llevaba a recepción y me ajustaba el nudo de la corbata, no pude contener una abierta sonrisa mientras imaginaba la cara de la limpiadora al levantar la tapa del retrete...
Habían pasado incontables noches de vigilia, desde que el escritor se sentara por última vez a escribir. Había, desde entonces, perdido su alma y su tiempo en un irremisible torbellino de hechos, de cuestiones actuales y de cuestiones económicas. Había, en definitiva, perdido su alma.
Solo al verse de nuevo solo, solo en su soledad recién estrenada, pudo verse zozobrante en un mar de desesperanza. La última vez que se había prometido saltar tras el gato de Chesire, se había vuelto a engañar. Ya lo había hecho tantas veces que hacía años se había planteado una demanda para divorciarse de si mismo, pero el Juez, entre jocoso y apesadumbrado le había negado el derecho a la pena de muerte.
Requería aquella nueva (habitual) perspectiva una nueva vuelta de tuerca, una nueva promesa, un nuevo plan. Había subido las escaleras para comprobar que no estaba (aún) tan solo como creía y las había bajado, acompañado se su vieja máquina de escribir, para comprobar si aún podía decir algo. Si aún su alma estaba dispuesta a rezumar algún sentimiento.
Escribió el escritor cuatro párrafos cerca de sus cuarenta, seguro de estar en un seguro límite que le separaba del abismo. Seguro de haber acabado su partido y varias prórrogas más. Seguía ante sí el hueco por el que había desaparecido la rayada cola del gato, seguía su cobardía ante sí, pero el tiempo se perdía...
Merece la pena celebrarlo. Acaba el año. Un año de desilusiones, frustraciones, miserias, dolores, sinsabores, latrocinios, desencuentros e hipocresía. Ayer fue treinta y uno, hoy uno y nada ha cambiado. Nada es, pero sí significa. Nada había y nada queda, salvo la esperanza. Feliz año nuevo a todos.
Silencio. Es solo silencio.
Sin palabras ni pensamientos.
Sin amores ni desamores.
Sin risas, sin tormentos.
Es la mañana, queda y quieta.
Es el cálido sol, deslizándose
sinuoso al fondo de tu corazón.
Llueve en el mundo.
Las calle mojadas,
reflejan el triste,
húmedo reflejo de
mi corazón demolido.
Llueve en mi alma.
Esta noche, nena,
cogeré la autopista
a tu triste corazón.
La vigilia me recordó
mi sueño de antes de
la cálida primavera.
Sueños de libertad, amor
y papel...
Un tenaz puñado de
sueños solo son...
Solo son los sueños de
un alma ávida de libertad.
Lluvia y ceniza gris.
¿Qué esperanza queda?
Alma, sangre y dolor.
¿Qué esperanza resta?
Demodura o dictocracia.
Nada para el pueblo,
pero con el pueblo...
Hogueras, fosas de cal,
ideas, religiones y
sueños enterrados en
montañas de sal...
Solo queda la revuelta.
Honor y fe.
Pasión sin compasión.
Dolor y conciencia.
Eddie Caro salió de su casa como todas las mañanas. Llevaba puesto su sombrero y su gabán de trabajar. Llevaba además, su 42 brillante y reluciente como el filo de una guadaña. A Eddie, le gustaba parecer lo que era: un matarife. Generalmente, la gente moría segundos antes de morir. Tan solo con ver sus ojos se sabían muertos antes de oír la detonación. Eddie era un perfecto profesional.
Una tarde, Eddie llamó la atención de la mismísima Muerte. La Parca, decidió personarse ante Eddie para rendirle sus respetos, para conocer mejor a quien con tal placer le proveía.
Amantes el uno del otro, Eddie y la muerte bailaron un improvisado vals. Ella tal que era y el tal que parecía, parecían y eran la muerte los dos.
Eddie apareció a la mañana siguiente con un agujero del 42 en la sien. Jamás se encontró a su asesino. Jamás se buscó al criminal. Solo un 42, brillante como el filo de una guadaña, solo su sangre, roja como el corazón de la muerte...
Entre vapores de alcohol,
desde mi alma desmañada,
desde mi pensar perdido,
de mi soledad desmedida...
Palabras perdidas son.
Solo pesadillas son.
Son solo sueños torpes
de mi alma desmañada.
Son solo las febriles
pesadillas del alcohol.
Son solo desvaríos de
un vacuo corazón.
Son los terribles fantasmas
heridos de mi pasado ...
Palabras solo son...
Son solo tristes tristezas,
las que de lomos del precio
de tu profundo desprecio caen
para ser aplastadas bajo los
cascos negros de mi dolor.
Son solo lágrimas estériles
de las que ya no me quedan,
las que no caen,
las que no ruedan,
las que no inundan ya,
el fondo de mi corazón...
Gru: El villano.
Fui a verla con mis pitufos...
Dibujos animados de última generación.
Adecuada (que no cojonuda) si vas con niños.
Por lo demás... cada cual. Discretita.
Es el crujir de las hojas al pisar,
el suave olor a vino en el ambiente,
el pasar cadencioso del tiempo,
los recuerdos entre dos luces,
el rojizo anochecer de las brasas,
el ocre aroma a tierra mojada.
Son los olores y colores del otoño.
Habíamos abandonado la casa después del último bombardeo, atemorizados por las posibilidades de derrumbe. Las circunstancias presentes, caracterizadas por los bombardeos diarios de las fuerzas nacionales y las enormes grietas en el muro sur del edificio, nos habían empujado a tomar tal resolución. Cargados con dos maletas y arrastrando prácticamente a nuestro hijo, nos dejamos ir sin rumbo concreto, por las calles de la capital. Sin saber siquiera si cuando todo aquello acabara, nos quedaría alguna raíz que nos uniera al suelo.
No habíamos caminado ni tres horas cuando Carlitos, más sereno y recuperando algo de su alegría, se adelantó solo unos pasos de nosotros, correteando de un lado para otro. Pateaba las piedrecitas, las latas y todo cuanto en su camino encontraba, recitando nombres de futbolistas que habían quedado grabados en su memoria antes de la guerra.
El golpeo de su piececito en la espoleta de aquel maldito obús oculto entre unos escombros y la pavorosa explosión que le arrancó la vida, fueron entonces y en un solo segundo, una sola cosa con la indeleble sensación de tristeza y soledad que me alejó del suelo para siempre.
Hoy, Asfixia, de Chuck Palahniuk.
Curiosa novela, cuya lectura inicié por pura casualidad, es decir, la compré un día leyendo contraportadas en una librería y sin conocer a un autor que, por lo visto, es bastante exitoso. Ácida, como todo lo que pasa por la mente de su autor (luego me enteré de que escribió “el Club de la Lucha”), ha sido encuadrada, a mi juicio injustamente, por la crítica en el género de comedia. Francamente, no se de que coño se ríe hoy la peña.
Al fin y al cabo, un drama ácido que rota vertiginosamente alrededor de sus personajes que resultan ser, curiosamente sin excepción, unos desgraciados despojos sociales.
Para mí, un libro bastante recomendable.
Sin principio ni final.
Como la esfera del reloj.
Como el peso del segundo.
Como el día que no pasa.
Como la hora que no llega.
Como el tiempo inexorable.
Como la madriguera del conejo.
Como el sexo sin corrida.
Como la noche sin sueño.
(…)

Tema de obligado trato y paso. Está convocada para el próximo miércoles por varios sindicatos de siglas representativas entre las que suele estar las de los trabajadores y obreros, una huelga general. La convocatoria, viene dada tras meses y años de silencio en los que se ha destruido sin cesar el empleo y el tejido económico en este país. Parece ser, que quieren hacer de esta huelga un asunto mediático y de repercusión social para resarcir su pésima imagen tras el nulo seguimiento de la huelga de funcionarios.
Parece ser que el presidente del gobierno, ha dado su permiso a los sindicatos para que hagan algo. Es, y lo digo muy en serio, como en los tiempos de Franco, con los sindicatos verticales. Los sindicatos guardan silencio, hablan y accionan, al son de quien les mantiene, les subvenciona y les dota de millonarios (en euros) contratos y planes de formación para los trabajadores y desempleados, de los que se lucran mucho unos pocos.
La reflexión viene a ser que los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, son la empresa con más empleados de España. Solo entre UGT y CC.OO tienen 203.000 “libertados” que cobran de las distintas administraciones, empresas públicas y privadas; pero que trabajan para el sindicato. Desde el año 2006, los ingresos de los dos sindicatos por subvenciones del Estado han aumentado en torno a un 50% acumulado. En los dos últimos años, ya en crisis, ha subido un 10%. Según la resolución 1448 de 19 de diciembre de 2008 del Ministerio de Trabajo, CC.OO recibió de subvención 6.446.508,86 euros y UGT 6.092.257,09 euros por el mismo concepto. Además, el Real Decreto 1971/2008, de 28 de noviembre, dice que por su participación en los órganos consultivos del Ministerio de Trabajo e Inmigración, de sus organismos autónomos y de las entidades gestoras de la Seguridad Social, UGT tiene una gratificación de 1.199.337 de euros, la de CC.OO es de 1.024.820 euros y la CEOE (los empresarios) que también participan en los órganos consultivos cobran 2.156.976 euros. Además, en 2009, las organizaciones sindicales recibieron para cursos de formación, sólo del Ministerio de Administraciones Públicas, 28.908.000 euros, la mitad de lo que recibieron todas las Comunidades Autónomas juntas, que fueron 54.652.000. Además, de otra partida destinada a actividades complementarias, le dieron a dedo, por un Real Decreto del Consejo de Ministros, otros 455.000 euros a UGT y 330.000 a Comisiones Obreras. Todo este dinero es de los contribuyentes, pero según el Ministro de Trabajo les corresponde por la “representatividad” de estos sindicatos y los empresarios, en el tejido productivo nacional; en subvenciones y por su función “consultiva”.
Las cifras son demoledoras y evidentes. La huelga se convoca por la (pusilánime) reforma laboral aprobada por el Gobierno en cuya redacción han colaborado (que para eso cobran) los sindicatos y que ha sido la última consecuencia de una crisis económica global e inevitable agudizada por un desgobierno y una antigestión evitables. ¿Cómo alinearse con quien es parte esencial del problema por el que se convoca la huelga?.
Son tiempos de paz y si en ese contexto nos movemos, yo llamo al trabajo el día de huelga, no en apoyo al gobierno, sino en rechazo pleno al circo mediático que se está montando. Si no nos movemos en esos términos (los de la paz), llamo al impago de impuestos y los préstamos, a la insumisión administrativa, a sacar el dinero (si lo hay) de las cuentas, provocar el pánico a estos cabrones y a que retome el poder quien jamás debió perderlo: el pueblo.
Aire es tu mirada,
ráfaga efímera tu
efímera felicidad.
Yo, solo dura roca,
dormida del desierto.
Que bajo tu aire
en siroco se torna.
Que bajo tu felicidad
en arena se transforma.
Ya lo decía la película.
Aquel héroe anónimo en su
banco pintado junto a esa
señora de cierta edad:
La vida es como una caja
de bombones...
Joder.
Solo que no me gusta
el chocolate.
He sido, durante días, dueño de
mi silencio y he denostado el
sonido de mis torpes palabras
y mis pensamientos...
He concluido, tras estos largos
cuarenta días en el desierto,
que mi anhelo es no desear y
mi frontera es no tener.
Al filo de la madriguera me he visto
y en su fondo me veréis.
Quizá de vuestro rechazo sea preso.
Quizá nadie entienda porqué sigo
al rayado gato de Chesire.
Razones que han de cambiar mi vida.
Precio que he de pagar por mi razón.
Me ha dado por leer. De hecho, he acabado de terminar el “Tao Te Ching” y tengo a mi zurda sobre la mesa y mientras escribo estas líneas “Asfixia”, de Chuck Palahniuk... A pesar de todo, eso es el futuro y el presente, es decir ahora, toca el Tao Te Ching.
Bien. Es preciso aclarar que hace unos años, decidí leer los textos más representativos de las principales filosofías y creencias. Busco eso que acoge, mata y hace matar. Las raíces de pensamientos que han arrasado pueblos y tradiciones. Leí la Biblia, el Corán, la Baghavad Guita y, finalmente, el Tao Te Ching. Estas obras representativas de las filosofías (o creencias) cristiana, musulmana, hinduista y taoísta. De la última lectura, esta que aquí dejo, me queda el mejor sabor de todos. Tras la estela de deidades vengativas, terribles y omniscentes, el “Tao Te Ching” transmite, por fin, una filosofía vital cuyas fuentes nacen en el interior de cada uno. Basadas en la naturaleza, la vida y la sencillez.
Si la pretensión es extrapolar esta filosofía a la política, me parece una idea vana. De hecho, la ideología ya influyó (y bastante) a don Carlos Marx, con la eficacia política que (por desgracia), todos conocemos.
Si la pretensión es recibir meramente su influencia interior, me parece la mejor de las ideas.
Hoy toca “El Evangelio según Jesucristo”, de don José Saramago. Como comenté o quise comentar en una entrada anterior de este blog, escrita con ocasión del fallecimiento de don José, autor este al que adoro con toda mi alma y cuyos libros me llevaría a una isla desierta si mañana me tocara tal lotería, para mi juicio (aquí más humilde que de costumbre), la obra en cuestión no tiene el nivel de los “ensayos” de autor. Debo reconocer que se trata de una opinión personal y arriesgadísima, ya que juzgar a un genio puede ser a su vez juzgado como un atrevimiento, cuando menos, arrogante.
Se trata de una obra magistralmente escrita, arrolladoramente polémica y finamente sarcástica en alguno de sus pasajes. Obviamente, si dios (o Dios, como prefiera cada cual) existe, el bueno de don José, no se ha ganado, precisamente, un lugar a su derecha.
Narra la historia de Jesús de Nazaret desde un punto de vista personalista, en una historia tan apócrifa como transgresora y magistralmente narrada. No es una obra recomendable. Es recomendabilísima.
Si creyera en Dios o en dios,
en cualquiera de ellos, en el
de los hombres o en el de los
dioses…
Acaso no celebraría mi vida.
La vida.
Acaso no celebraría mi existencia.
La existencia
Los sentimientos se arremolinan en
el centro de mi corazón.
Solo existe la tristeza.
Solo encuentro el letargo
de mi tormento en el sopor
constante del alcohol.
Mañana buscaré una excusa.
Hoy la musa rueda incesante
ante mi mirada triste.
Hoy mi mirada muere queda
entre pensamientos borrachos.
Jodidamente borrachos.
El Gato de Chesire me mira jocoso,
desde la rama del árbol, junto a
la madriguera del conejo saltarín.
No existe para él la mortificación.
Solo miradas jocosas que a mi alma
recuerdan su triste devenir.
Te plaño en mi angustia,
arrodillado para desterrar
para siempre esta tristeza
que desde otrora me domina.
Obtengo rauda la respuesta
anhelada: son mis rodillas
desolladas que bajo el manto
de la noche mi alma fulminan.
Acaso he puesto en tela de juicio
la existencia de la soledad.
Mi estandarte, mi compañera.
Una tarde de agosto,
alguien convino la unión.
Debo reconocer que desde
ese día no estoy solo.
Soy solo.
El aire no existe.
La vida no es.
La muerte no está.
El diablo se fue.
Cada vez estoy más convencido.
La soledad no es una realidad,
sino un estado de ánimo.
De ánimo triste y zozobrado.
O de desánimo, que es más
propio de la impropia ocasión.
No quiero mirarme a los ojos.
Ojos de decepción.
Ojos de mirada perdida.
Las olas la extraviaron
una noche de frío poniente.
El olor a sal me trae
al amanecer, el recuerdo
alegre de una tarde de verano.
El mar es un manto negro,
negro y quedo en la noche.
El mar guarda secretos
que solo mi alma conoce.
Secretos se sal.
Sal que sana heridas del alma.
Sal de mi alma...
Alma mía del mar...
Asfixia. Calor fuera de mí.
Hervor en la sangre en mi interior.
Fuera, solo árboles tristes
mecidos al son de un viento triste.
Dentro, solo zozobra entre dos tierras.
Solo el tiempo que pasa.
Solo dos velas que se consumen.
Se consumen al son de mi alma.
Entre el apabullante ruido,
en medio de la gente,
en medio de la nada,
en medio de todo el caos,
me miró serena y sonriente,
sentada al filo de mi cama.
Sin decirme nada...
Sin que apenas se la
escuchara respirar.
Abracé entonces a la soledad,
en medio del frío suave que
reconfortante me invadía.
“Cuentos para pensar”, de Jorge Bucay (ed. RBA Bolsillo. 2008), es un compendio de cuentos y pensamientos muy diversos que comparten la pretensión de estar dotados de un cierto “trasfondo trascendental”. Yo lo compré en el aeropuerto de Madrid en escala destino Roma, pero no lo leí hasta pasado cierto tiempo después de volver. Algunos de los cuentos (Juan Simpiernas, el oso, ceremonia del te o sin querer saber), son muy buenos. Otros (el buscador, un lugar en el bosque o el temido enemigo), son para olvidarlos.
En resumen, un buen libro de viaje.
Todo ello a mi humilde juicio, claro.
Ha muerto José Saramago. Y no digo don José, a sabiendas de que a él no le habría gustado. Muere en escritor y filósofo único en su especie. Pocos autores son capaces de acumular tal cantidad de adjetivos en su obra: social, político, literario, dulce, amargo y maravillosamente sarcástico. Lo descubrí a través de su “Ensayo sobre la lucidez”. Luego siguieron el “ensayo sobre la ceguera”, “la caverna” y “las intermitencias de la muerte”. Cuando falleció, me encontraba leyendo “el evangelio según Jesucristo” y aún no he sido capaz de continuarlo, porque, al igual que cuando escucho a Antonio Vega soy incapaz de sentirme ineludiblemente triste, creo que la lectura de su obra me trasladará a una inevitable zozobra espiritual.
A quien no lo haya leído, vaya mi más sincera recomendación de las cuatro obras arriba citadas. Muy especialmente de las cuatro primeras.
Descanse en paz.