EL NEBRAL

Tarde.

Hora de escribir.  Reúne la tarde las condiciones propicias para que duendes y hadas me visiten, es decir, dos partes iguales de melancolía y alcohol, una de soledad y otra de tranquilidad. Infalible e inefable mixtura necesaria, los habrá que escriban y dirán que no, pero ellos en sus adentros, sabrán con qué recetario han substituido químicamente a las partes del compuesto antedicho.

 

A lo que voy. El crepitar de la leña en la chimenea y la ginebra, me ausentan de mi mismo.  Hace un par de horas (casi) que mi mujer salió de casa y con los niños en la calle, la habitación ha adquirido dimensiones victorianas y el tiempo me ha hecho dueño del silencio. Quiero escribir y no se de qué ni a cuento de qué. Sería fácil inventar, opinar o evadirme, pero el momento no lo permite y eso, es la soledad. El encuentro conmigo mismo que tan codiciado es. Es el encuentro fugaz e intenso con un amante. Es un beso proscrito en la parada del autobús. Eso, curioso y contrario; metafórico e incongruente, es la soledad. Quien la odia (en su dosis justa), se odia a si mismo...

 

Al grano (si es que hay alguno). Leía a Fernando Sánchez Dragó hasta hace un minuto (a principios de año, decidí abandonar el vicio de trabajar los fines de semana y dedicarme mas tiempo a mí, a mi soledad, siempre en su justa dosis) y con su lectura, la de sus memorias agrupadas bajo el título de “esos días azules” (ya la comentaré a su finalización) me ha dado, de nuevo, el gusanillo de los viajes. No sabe el escritor leído, lo que en cierto modo le debo literaria y vitalmente... y no se confunda a fecha de hoy, mi débito con pleitesía o idolatría. Nada tienen que ver ambos. Hay que cruzar un puente de piedra para traspasar el valle de los caídos que separan ambas posiciones.

 

Reconozco y lo digo aquí, que Galicia se me quedó corto. Corto no por razón del destino (podría vivir una vida en cada uno de sus rincones), sino por razón de vivencia. Si mi mujer lee esto (¿afortunadamente? jamás entra aquí) me mata, pero se que con absoluta seguridad volveré.  Esta es la segunda vez que voy a Galicia, pero aún no he estado (ya me pasó con Roma)... es como ir a comer a tutiplén y no tomarse un café y una copa después.

 

Tengo la promesa de hacer (al menos en parte y a pie) el Camino de Santiago.  Oportunidad y tiempo habrá...   

 

Sobre lo de los viajes, Madrid, Londres y París...  Pero piano, piano...

Comentarios

Claro que si.

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