EL NEBRAL

Coletazos del alcohol

La ebriedad de mis emociones me había empujado, sediciosa, al barranco de la incongruencia.

 

Podía haber sido, una vez más, el alcohol o la mera melancolía, que mansa se colaba por las grietas oscuras y cada vez más anchas de mi alma atormentada.

 

Brotó la poesía, brotó como un desgarro en el tiempo que transformó aquel instante en tan solo unas letras que, sobre el papel, fueron emociones perdidas:

 

“Donde va aquel doncel.

Donde el alma oscura va.

Su alma oscura de papel.

Sus lágrimas, aire son ya.

Aire perdido en suspiros.

Hálito de fin de la vida.

Vida del tiempo perdida.”

 

Quedó el alma inerme después, colgada solo del fino hilo ebrio de su soledad...

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